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  • Equidad de Género

    La equidad de género se entiende  como el conjunto de características o rasgos culturales que identifican el comportamiento social de mujeres y hombres así como  las relaciones que se producen entre ellos, estas deben basarse sobre relaciones de equidad; es decir, que cada cual (hombre y mujer en el plano individual o colectivo) reciban en su justa proporción lo que como seres humanos les corresponde de acuerdo con las necesidades y condiciones que les impone determinado contexto social y temporal. 

    El Programa de las naciones Unidad de Desarrollo en Venezuela, En el contexto de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing, el PNUD adoptó el enfoque género como parte central de su actividad. De allí que el enfoque del Desarrollo Humano asumido por el PNUD coloque a la igualdad de género y el avance de las mujeres en alcanzar los espacios que se le tenían negados por su sexo, como dimensiones esenciales para lograr bienestar equitativo y sustentable para toda sociedad.
    El PNUD plantea la necesidad de definir, con la activa participación de hombres y mujeres, un nuevo modelo de desarrollo que subvierta las actuales relaciones de poder basadas en la subordinación de las mujeres.  

    El enfoque de equidad de género favorece el desarrollo pleno de hombres y mujeres; propone la transversalidad de género como una estrategia para combatir formas específicas de desigualdad social; implica un análisis más completo e integral de las relaciones sociales; ofrece elementos teóricos y metodológicos para analizar las diferencias y características de personas y grupos sociales, y formula propuestas que tienden a aminorar y erradicar estas desigualdades.  

    La preocupación del PNUD por promover la igualdad de género se tradujo en la creación de varios instrumentos metodológicos. Entre ellos destacan el Índice de Desarrollo Relativo al Género y el Índice de Potenciación de Género, que desde el año 2005 forman parte del Informe Mundial sobre Desarrollo Humano que publica anualmente el PNUD.  

    Desde ese mismo año el PNUD ha elaborado directrices para la transversalización de género (gender mainstreaming), que es la estrategia con la que promueve la equidad de género y que está diseñada con el fin de integrar en todos los ámbitos de trabajo de la organización, la autonomía de las mujeres y la equidad. Ésta se apoya en tres pilares fundamentales: 

    Generación de capacidad –tanto en el ámbito de país como en el interno- para integrar los desafíos en materia de igualdad de género en todas las áreas temáticas como también en los marcos de cooperación con los países. 

    Provisión de servicios de asesoramiento sobre políticas que promueven la equidad de género y el empoderamiento o autonomía de las mujeres; y  

    Apoyo a intervenciones específicas que benefician a las mujeres y extienden modelos innovadores como aquellos desarrollados y probados por el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM). 

    Entre las prioridades del plan de acción corporativo en materia de género se encuentra:  

    1. el monitoreo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) a través de una perspectiva de género;
    2. la promoción del presupuesto basada en consideraciones de género;
    3. la reducción de la incidencia del VIH entre grupos de mujeres vulnerables;
    4. la incorporación de la perspectiva de género en políticas macroeconómicas y en negociaciones comerciales; la promoción del empoderamiento o autonomía de la mujer a través de la gobernabilidad democrática, la descentralización y la participación de la sociedad civil y a través del desarrollo de las capacidades de las mujeres mediante la capacitación, el compartir del conocimiento y la creación de redes. 

    Para América Latina y el Caribe se elaboró un documento denominado Marco Estratégico Regional de Género del PNUD que es un referente indispensable para las acciones de género, por primera vez en el contexto latinoamericano y del Caribe, en todas las oficinas de campo de la región, incluyendo la de la dirección regional del PNUD de América Latina y el Caribe" entre los años 2005 y 2009. 

    Fomentar la equidad de género es imprescindible porque es un derecho humano: hombres y mujeres deben gozar de los mismos derechos sociales, económicos y políticos. Pero para que tengan los mismos derechos, ambos deben estar en capacidad de participar en los procesos de toma de decisiones; el empoderamiento de mujeres y hombres es una clave para la buena gobernabilidad. A su vez, la equidad de género es un elemento clave para el desarrollo sostenible. 

    El PNUD ha propuesto una espiral del empoderamiento que muestra cinco niveles que es necesario alcanzar para promover la equidad de género:  

    Bienestar: se define como el nivel de condiciones materiales como ingresos, acceso a la salud y una buena alimentación para las mujeres en iguales condiciones que los hombres 

    Acceso: consiste en que las mujeres tengan las mismas condiciones de obtener factores de producción como: crédito, trabajo, formación, facilidades de comercialización y acceso a todos los bienes y servicios públicos. 

    Concientización: este nivel busca hacer conscientes las diferencias entre sexo y género y reconocer que los roles de género son culturales y pueden cambiar. El trabajo debe distribuirse entre hombres y mujeres, sin dominación. La base de este nivel es la creencia en la equidad de género en todos los aspectos.  

    Participación: implica el involucramiento equitativo de mujeres y hombres en todos los niveles de decisión, así como en la planeación y administración de los proyectos de desarrollo. Tiene que ver particularmente con la realización de acciones donde la participación es esencial en todo el ciclo de los proyectos.  

    Control: La concientización de las mujeres y su movilización puede contribuir a que ellas incidan en los procesos, y que las mujeres y hombres controlen por igual beneficios y recursos. 
    Fuente: Tomado Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Venezuela
    www.pnud.org.ve

    Hablar de Equidad de Género es hablar de Socialismo

    Por: Abg. Jesús Silva R.

     

    Desde tiempos inmemoriales se comenta: “No se puede transformar el mundo sin transformar al hombre”. No obstante en el planeta del siglo XXI, estimo más acertado afirmar: “No se puede transformar al mundo ni al hombre, sin la acción de la mujer”. Sirva esta idea como reflexión frente al anacrónico ideario de la Sociedad Patriarcal, según el cual el género masculino ha figurado como representante único de la especie humana a lo largo de toda su historia. Hace casi un siglo desde que Clara Zetkin, incansable revolucionaria y luchadora social nacida en Alemania, propusiera la celebración del “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”, como fecha de dignificación de la mujer proletaria. Aquella histórica iniciativa, aprobada en el marco de la Segunda Conferencia Mundial de Mujeres Socialistas en la capital de Dinamarca en 1910, sienta el precedente para la conmemoración del 8 de Marzo; que permanece como día mundial para la defensa de los derechos de la mujer. Más recientemente fortalecido ideológicamente mediante el concepto de “La Equidad de Género”.

    El estudio de este tema, nos conduce a la revisión de mitos ancestrales, conductas aprendidas y al más profundo auto examen como mujeres, hombres y sociedad sobre el papel que nos corresponde en la lucha por abolir el “Modelo Patriarcal Androcéntrico (sexista) de visión y división del mundo”, así como la instauración de un “Modelo de igualdad sustantiva entre hombres y mujeres”, es decir: “La Equidad de Género”. En este marco, es imprescindible la compresión científica de que la Dictadura del Patriarcado es hija de la Dictadura del Capitalismo, pues de la propiedad monopólica de la Burguesía sobre los medios de producción, surge un aparataje socioeconómico de sometimiento y exclusión contra los otros sujetos sociales que no tienen la condición de propietarios en la economía, es decir:
    1) La clase explotada, integrada por trabajadores y asalariados.
    2) Los grupos segregados por razones étnicas.
    3) Los desclasados.
    4) La mujer, a quien por una supuesta inferioridad “natural”, se le confinó al trabajo doméstico no remunerado.

    En efecto, la de vida de la mujer no escapa de las penurias propias de la división de clases que impone la sociedad capitalista a todos sus integrantes. De ello se desprende que aun persistan viejas calamidades sobre ella dentro de la clase popular, que además de cumplir su jornada diaria de trabajo fuera de casa, enfrenta sola la sobrecarga de trabajo del hogar; a causa de los resabios de la abominable cultura patriarcal que presupone “normal” no recibir apoyo de su consorte. A todas luces, nuestra era nos muestra que el masivo acenso de la mujer en la producción de bienes y servicios, ha sido el motor principal de una emancipación radical que abarca todos los ámbitos de la vida moderna. No cabe duda de que la sociedad global ha sido escenario de trascendentales conquistas femeninas que trascienden el campo del trabajo y se extienden a múltiples espacios en las últimas décadas, tales como política, la ciencia y la educación.

    Hoy podemos afirmar que transitamos una etapa histórica más favorable que cualquier época anterior hacia la concreción de la “equidad de género”, para que mujeres y hombres tengan iguales derechos y obligaciones en la esfera pública y privada. Ello implica dar una gran batalla para derrotar paradigmas, tabúes y arquetipos que datan de la sociedad primitiva; así como la sistemática y degradante “cosificación sexual” de la mujer (trato de objeto sexual) dirigida hoy por los medios transnacionales de comunicación, que erosionan y socavan la conciencia de las masas.

    En este escenario, es primordial redefinir los modos y las relaciones en que mujeres y hombres producen los valores materiales y espirituales de la sociedad, y el sistema que les provee el sustento para vivir; porque solo puede existir auténtica “Equidad de Género” en un Estado social y democrático de Derecho y de Justicia sin opresores ni oprimidos, que garantice la libertad de todas las clases explotadas y revalorice el trabajo frente al capital, erradicando todas las formas de explotación imaginables. La tarea de transformar la sociedad, no depende solo de políticas públicas del Estado o reformas legislativas; sino que nos plantea llevar a cabo una genuina revolución en lo político, intelectual, económico, social y cultural, donde la plena unión entre revolucionarias y revolucionarios es indispensable.

    Luchemos por un sistema de nuevas relaciones humanas, sustentado en los valores de equidad, justicia, democracia, respeto, tolerancia y fraternidad, que promueva un ambiente sano y la igual dignidad de todos sus integrantes. Solo así, honraremos a nuestras amadas mujeres y seremos consecuentes con el ejemplo de lucha de nuestras más destacadas heroínas populares venezolanas, hasta el siglo XX: Eumelia Hernández, Carmen Clemente y Argelia Laya. En el siglo XXI: María León. “Hablar de Equidad de Género es hablar de Socialismo”.


     Fuente: Tomado de www.inamujer.gob.ve



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